Me haces volar y en un segundo provocas que mi sutíl caballerosidad se vea opacada al darle rienda suelta a un par de manos ciegas y al mismo tiempo hambrientas de humedad, mismas que se abren paso entre tu mucha delicadeza, y mi boca no menos fiera jadea ante el placer de degustar esa miel que destilas no de tu boca, no de tus pechos...y sí de tu fruto prohibido en una salina y ácida bebida, resultado de una sublime contracción................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
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